El hábito

 No lo hagas, te dices a ti mismo mientras lo haces. No lo hagas, solo te harás mal, no necesitas saber eso, te dices a ti mismo mientras, maquinalmente, como si estuvieses programado y no cupiese otra alternativa, lo haces. 

Y lo haces y compruebas que efectivamente llega la familiar punzada en el pecho y te haces pequeño y comprendes que tu autodestrucción no obedece a ninguna causalidad más que el hábito generado por pequeños actos autodestructivos que cometes a diario (hoy será no ir a clase, mañana fue fumarte el cigarrillo que desembocó en una década de tabaquismo y, poco a poco, como se construye un hábito, descubres que la autodestrucción es algo que te sale solo). 

Pareciera que es imposible no sentir esa punzada y esa ansiedad: tiempo ha se instalaron en mi pecho y pagan religiosamente el alquiler todas las noches. No cabe desahuciarlas.

Quizá quepa, como último recurso, derrumbar el edificio. 

Comentarios